Buena pregunta ...
En primer lugar diré que el ser humano se ve obligado a cambiar desde el mismo momento en que llega al mundo. Se trata de supervivencia. Todos nos adaptamos al mundo que nos ha tocado vivir para ir tirando razonablemente. El sistema es sencillo, lo que nos funciona lo repetimos y lo que no, lo desechamos. Pero... ¿ya está?, ¿funcionamos así?, ¿somos así de perfeccionistas?... obviamente no...
El hombre es un animal de costumbres y, a medida que maduramos, nos apoyamos en los hábitos que hemos adquirido a través de los años, en eso que un día aprendimos y que entonces nos sirvió, pero que ahora puede que esté desfasado. Todo, hasta el más mínimo paso que damos, está influido por lo que ya sabemos y por nuestras experiencias pasadas. Si a esto le unimos que lo que se convierte en costumbre se realiza de manera automática... apaga y vámonos... estamos condenados a repetir nuestras reacciones una y otra vez, nos ayuden o no.
¿Qué quiere decir todo esto?... que llega un momento en la vida en que ciertas maneras de hacer las cosas, de pensar, de reaccionar, una vez que las hemos aprendido y se han establecido, luchan por mantenerse inalterables y se niegan a cambiar porque ya las hemos hecho antes y nos dan seguridad (ya sabéis el dicho más vale lo malo conocido...). Como decía antes, las mantenemos porque alguna vez nos fueron útiles y ahora, aunque ya no nos sirven, nos cuesta reconocer que no nos funcionan.
La idea parece sencilla entonces, se trata de cambiar las cosas que no nos resultan útiles, que no son sanas, y retocar las que se podrían hacer mejor... Pues no, no es tan fácil y no lo es porque a los seres humanos nos cuesta mucho aceptar que hay cosas que no hacemos bien. ¿No habéis escuchado mil veces eso de... pues yo llevo años haciéndolo así?... pues igual... llevas "años" haciéndolo mal.
Identificar lo que no nos ayuda y lo que sería bueno que cambiáramos es la parte más difícil y requiere fijarse mucho en uno mismo. Se trata de analizar como somos, como actuamos, como pensamos... y hacerlo de una manera sincera. Nadie mejor que tú sabe si algo no te está haciendo bien y ... ¿has pensado que a lo mejor hay otra manera que puede hacerte más feliz?.
Pues si, seguramente si pero para eso hay que querer cambiar.
Entonces podemos cambiar pero ¿como?... pues dándonos dos segundos antes de responder, antes de hacer lo que haríamos en ese momento. Si consigues no dar el primer paso, si consigues parar la cadena que desata automáticamente tu manera de hacer las cosas, podrás analizar si tu respuesta es la adecuada y si las consecuencias a tu respuesta te compensan... y entonces podrás cambiarla.
Nadie dijo que fuera fácil, pero nada que merezca la pena lo es...
Una vez alguien me preguntó qué era más fuerte, una caña de Bambú o una espiga de Trigo. No lo pensé mucho... el Bambú, contesté. ... ¿Y si viniera un viento muy fuerte?... El Bambú se partiría pero el Trigo se doblaría y aguantaría el vaivén del aire, gracias a su flexibilidad. Piénsalo bien, seguro que en tu debilidad está tu fortaleza...
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martes, 11 de septiembre de 2012
jueves, 7 de junio de 2012
Esa común desconocida... La Ansiedad
Os propongo un pequeño ejercicio de imaginación.... ¿Podrías recordar un momento en el que os dieron un susto importante?. Me refiero a uno de esos gordos cuando casi te diste un golpe con el coche, o viste a un niño asomarse peligrosamente a un lugar del que se podía caer... algún momento en que temiste por tu vida o la de otra persona. Pues bien, intentad recordad que sentisteis, como se removió el cuerpo entero. El corazón primero pareció pararse para después romper a latir con fuerza. La temperatura del cuerpo subió hasta hacerte sudar, los músculos del cuerpo se tensaron e incluso llegaste a sentir algo de mareo. Puede que te paralizaras o que se pusiera un nudo en tu estómago, que te diera la tos, o que perdieras el habla... pero fuera como fuera la sensación no fue nada agradable. ¡Ah! y eso sin olvidar el mal cuerpo que te quedó después... agotado durante unos segundos, extraño...
No sé si te acordarás pero tu atención se centró solo y exclusivamente en el suceso que te asustó. Tu cuerpo te avisó, te alertó, te preparó para enfrentarte a esa posible amenaza.
¿Y por qué pasó todo esto?, porque entró en juego esa emoción llamada miedo y que tiene como principal e indispensable función hacer que te cuides, que no te pongas en peligro y, sobre todo, que preserves tu supervivencia.
Hasta aquí todo normal pero, siguiendo con nuestro ejercicio, ¿te imaginas que tu mente te lanzara este mensaje de amenaza en un lugar o momento inadecuado?. ¡Si si!, ¿imaginas que tu propia cabeza te enviara señales desorbitadas de peligro donde realmente no las hay o no en la magnitud que tú piensas?. Pues eso es exactamente lo que nos pasa a los que padecemos trastornos de ansiedad.
No voy a entrar ahora en por que se llega a este desajuste, es un tema complicado, pero si me gustaría que las personas que no los sufren se pusieran en el lugar de quienes padecen o han padecido ataques de ansiedad, en algún momento de la vida.
Son sensaciones muy desagradables que se activan en ciertos momentos, que pueden llegar a durar horas (imaginad todas las sensaciones que antes os he comentado durante dos horas...) y que, como te hacen sentir tan mal, en peligro, incluso creyendo que vas a morir ante tantos síntomas extraños, tratas de evitar por todos lo medios.
Nadie quiere sentirse mal y si evitar ir a esos lugares, entrar en ese ascensor, comer ciertos alimentos, ir a esas fiestas en las que lo pasas tan mal cuando hablas con la gente, alejarte de tu casa, ... te libra de ese terrible malestar pues lo evitas, no vas... no te subes a ese avión... no comes... no sales... no viajas... no... no... no...
Sé que es muy difícil de entender, de hecho creo que si no lo has padecido nunca no es sencillo hacerse una idea de lo que realmente es, pero es uno de los problemas psicológicos más generalizados y que llenan las consultas de urgencias cada día, así que igual hay que darle la importancia que se merece.
Pero no quiero dar una visión pesimista de "los ansiosos", solo quiero que se les comprenda un poco más e incluso, que la sepan identificar quienes todavía no saben lo que les pasa... La ansiedad, si se trabaja debidamente, tiene solución y aunque requiere de mucho esfuerzo (enfrentarse a las cosas que te asustan no es fácil), merece la pena.
No sé si te acordarás pero tu atención se centró solo y exclusivamente en el suceso que te asustó. Tu cuerpo te avisó, te alertó, te preparó para enfrentarte a esa posible amenaza.
¿Y por qué pasó todo esto?, porque entró en juego esa emoción llamada miedo y que tiene como principal e indispensable función hacer que te cuides, que no te pongas en peligro y, sobre todo, que preserves tu supervivencia.
Hasta aquí todo normal pero, siguiendo con nuestro ejercicio, ¿te imaginas que tu mente te lanzara este mensaje de amenaza en un lugar o momento inadecuado?. ¡Si si!, ¿imaginas que tu propia cabeza te enviara señales desorbitadas de peligro donde realmente no las hay o no en la magnitud que tú piensas?. Pues eso es exactamente lo que nos pasa a los que padecemos trastornos de ansiedad.
No voy a entrar ahora en por que se llega a este desajuste, es un tema complicado, pero si me gustaría que las personas que no los sufren se pusieran en el lugar de quienes padecen o han padecido ataques de ansiedad, en algún momento de la vida.
Son sensaciones muy desagradables que se activan en ciertos momentos, que pueden llegar a durar horas (imaginad todas las sensaciones que antes os he comentado durante dos horas...) y que, como te hacen sentir tan mal, en peligro, incluso creyendo que vas a morir ante tantos síntomas extraños, tratas de evitar por todos lo medios.
Nadie quiere sentirse mal y si evitar ir a esos lugares, entrar en ese ascensor, comer ciertos alimentos, ir a esas fiestas en las que lo pasas tan mal cuando hablas con la gente, alejarte de tu casa, ... te libra de ese terrible malestar pues lo evitas, no vas... no te subes a ese avión... no comes... no sales... no viajas... no... no... no...
Sé que es muy difícil de entender, de hecho creo que si no lo has padecido nunca no es sencillo hacerse una idea de lo que realmente es, pero es uno de los problemas psicológicos más generalizados y que llenan las consultas de urgencias cada día, así que igual hay que darle la importancia que se merece.
Pero no quiero dar una visión pesimista de "los ansiosos", solo quiero que se les comprenda un poco más e incluso, que la sepan identificar quienes todavía no saben lo que les pasa... La ansiedad, si se trabaja debidamente, tiene solución y aunque requiere de mucho esfuerzo (enfrentarse a las cosas que te asustan no es fácil), merece la pena.
miércoles, 11 de abril de 2012
No, no es superior a mis fuerzas...
No, no es superior a mis fuerzas...
Muchos de nosotros tenemos un montón de esas cosas que parece que creemos que nos superan. Es como una fuerza interior que te prohibe hacer o dejar de hacer algo y que ni siquiera nos planteamos enfrentar porque total para que, si es superior a mis fuerzas... Si me cuesta tanto enfrentarlo será porque es lo correcto ¿no?.
.... Pero ¿y que es lo correcto?... ¿dejarse arrastrar o inmovilizar por estas extrañas normas impuestas por nosotros mismos?. Y digo yo... ¿desde cuando uno puede darse órdenes u obligarse a hacer cosas en contra de su propia voluntad?. Que yo sepa, somos animales dotados de una inteligencia superior y actuamos según nuestras propias indicaciones, no las de ninguna mágica energía. Nosotros pensamos, analizamos y decidimos que hacer o no y, sólo nosotros, tenemos la capacidad de dirigir nuestros pasos.
Creedme no hay nada superior a tus fuerzas, no hay nada que no puedas evitar, no hay nada que tú no gestiones sobre tus propios actos.
A menudo estas manías, ese "es superior a mis fuerzas...": irme de casa sin hacer la cama... ver ese cuadro torcido... levantarme con el pie derecho.... o miles y miles... lo único que hacen es añadir estrés a nuestra vida.
Pensaréis que cómo puede estresar no soportar ver el cuadro torcido... pues lo hace y lo hace porque, durante el tiempo que observamos el motivo de nuestra molestia hasta que la resolvemos, nuestra mente está tensa. Algo resulta disonante y si hay algo que no soportamos es la disonancia, que algo no nos cuadre. A esto hay que añadir que si caemos en una de estas ataduras ellas mismas nos arrastrarán a muchas más. En serio, no subestimes el poder constrictor de nuestra propia mente.
Así que no caigas en tú propia trampa. No te pierdas con cosas que no tienen la más mínima importancia. Prueba a rebelarte.... deja el cuadro torcido, o no planches ese montón aunque mañana seguirá ahí... o deja que pongan la figurita al otro lado de la estantería...
¡Libérate! ¡flexibiliza tú mente!. En serio, bastantes normas externas tenemos ya como para ponernos más cadenas nosotros mismos.
Muchos de nosotros tenemos un montón de esas cosas que parece que creemos que nos superan. Es como una fuerza interior que te prohibe hacer o dejar de hacer algo y que ni siquiera nos planteamos enfrentar porque total para que, si es superior a mis fuerzas... Si me cuesta tanto enfrentarlo será porque es lo correcto ¿no?.
.... Pero ¿y que es lo correcto?... ¿dejarse arrastrar o inmovilizar por estas extrañas normas impuestas por nosotros mismos?. Y digo yo... ¿desde cuando uno puede darse órdenes u obligarse a hacer cosas en contra de su propia voluntad?. Que yo sepa, somos animales dotados de una inteligencia superior y actuamos según nuestras propias indicaciones, no las de ninguna mágica energía. Nosotros pensamos, analizamos y decidimos que hacer o no y, sólo nosotros, tenemos la capacidad de dirigir nuestros pasos.
Creedme no hay nada superior a tus fuerzas, no hay nada que no puedas evitar, no hay nada que tú no gestiones sobre tus propios actos.
A menudo estas manías, ese "es superior a mis fuerzas...": irme de casa sin hacer la cama... ver ese cuadro torcido... levantarme con el pie derecho.... o miles y miles... lo único que hacen es añadir estrés a nuestra vida.
Pensaréis que cómo puede estresar no soportar ver el cuadro torcido... pues lo hace y lo hace porque, durante el tiempo que observamos el motivo de nuestra molestia hasta que la resolvemos, nuestra mente está tensa. Algo resulta disonante y si hay algo que no soportamos es la disonancia, que algo no nos cuadre. A esto hay que añadir que si caemos en una de estas ataduras ellas mismas nos arrastrarán a muchas más. En serio, no subestimes el poder constrictor de nuestra propia mente.
Así que no caigas en tú propia trampa. No te pierdas con cosas que no tienen la más mínima importancia. Prueba a rebelarte.... deja el cuadro torcido, o no planches ese montón aunque mañana seguirá ahí... o deja que pongan la figurita al otro lado de la estantería...
¡Libérate! ¡flexibiliza tú mente!. En serio, bastantes normas externas tenemos ya como para ponernos más cadenas nosotros mismos.
viernes, 23 de diciembre de 2011
Y llegó la Navidad...
Y llegó la Navidad....
Y con ella las compras de regalos a tus seres queridos y a los que no lo son tanto... y las cenas con gente que te apetece mucho tener a tu lado y con las que te apetece un poquito menos ... y con ese millón de obligaciones que parece que a nadie le gustan, pero que todo el mundo terminamos haciendo.
Es así, y sino puedes elegir la opción de irte de vacaciones al Caribe, tienes que tomarte las cosas con mucha filosofía.
Ahora más que nunca tienes que hacer un ejercicio de autoanálisis para decidir como quieres vivir la Navidad. Puedes pasarte los días pensando en lo poco que te gustan estas fechas y contando las horas para que se terminen, o puedes buscar el lado bueno a unos días, que si llevan tantos años celebrándose por algo será, después de todo... y no solo porque nos lo imponga El Corte Inglés.
¿Qué como lo hacemos?... quizás solo haya que dejar de pensar en lo poco que nos gustan y sentir como el frío acaricia tu cara, mientras caminas por las preciosas e iluminadas calles de tu ciudad, buscando ese regalo especial, o devolver una enorme sonrisa a los que en estos días parecen ser más generosos con ellas, o mirar a los ojos de asombro de ese chiquitín al levantarse el día de Reyes... quizás solo sea suficiente intentar hacer realidad en esta época del año eso que todo el mundo te desea, en esta época del año allá por donde vas, que tengas una FELIZ NAVIDAD.
Y con ella las compras de regalos a tus seres queridos y a los que no lo son tanto... y las cenas con gente que te apetece mucho tener a tu lado y con las que te apetece un poquito menos ... y con ese millón de obligaciones que parece que a nadie le gustan, pero que todo el mundo terminamos haciendo.
Es así, y sino puedes elegir la opción de irte de vacaciones al Caribe, tienes que tomarte las cosas con mucha filosofía.
Ahora más que nunca tienes que hacer un ejercicio de autoanálisis para decidir como quieres vivir la Navidad. Puedes pasarte los días pensando en lo poco que te gustan estas fechas y contando las horas para que se terminen, o puedes buscar el lado bueno a unos días, que si llevan tantos años celebrándose por algo será, después de todo... y no solo porque nos lo imponga El Corte Inglés.
¿Qué como lo hacemos?... quizás solo haya que dejar de pensar en lo poco que nos gustan y sentir como el frío acaricia tu cara, mientras caminas por las preciosas e iluminadas calles de tu ciudad, buscando ese regalo especial, o devolver una enorme sonrisa a los que en estos días parecen ser más generosos con ellas, o mirar a los ojos de asombro de ese chiquitín al levantarse el día de Reyes... quizás solo sea suficiente intentar hacer realidad en esta época del año eso que todo el mundo te desea, en esta época del año allá por donde vas, que tengas una FELIZ NAVIDAD.
viernes, 18 de noviembre de 2011
Déjame llorar
La tristeza es una emoción. Hasta aquí todos de acuerdo pero... ¿qué significa eso?. Pues significa que es un mecanismo que forma parte de la naturaleza del hombre y que está ahí por algo.
Las personas nos ponemos tristes para que centremos la atención en nosotros mismos y en la situación, facilitando así la búsqueda de soluciones. Nos obliga a bajar el ritmo, ahorrando la energía que necesitamos para recomponernos y, además, hace que los demás se den por enterados y nos echen un mano.
Las personas nos ponemos tristes para que centremos la atención en nosotros mismos y en la situación, facilitando así la búsqueda de soluciones. Nos obliga a bajar el ritmo, ahorrando la energía que necesitamos para recomponernos y, además, hace que los demás se den por enterados y nos echen un mano.
Por lo tanto, es necesaria y, sin embargo, nos empeñamos en no dejarla actuar cuando el cuerpo nos pide a gritos... o mejor dicho, a lágrima viva... que la manifestemos. ¿Qué es lo primero que decimos al consolar al alguien?... No llores.... cuando el cuerpo te está diciendo que eso es, exactamente, lo que tienes que hacer. ¿A que nadie te dice que no te rías cuando te cuentan algo realmente divertido? y aunque lo quisieras hacer... ¿podrías?. ¿Cuantas veces te ha resultado embarazoso no soltar una carcajada, en ese momento tan inadecuado?.
¿Por qué si nos permitimos enfadarnos, o reírnos, no nos permitimos llorar?. Llora, desahógate, haz que los otros se den cuenta de que estás triste y que necesitas que lo sepan, que te escuchen, o que te ayuden si está en su mano.
No luches contra tu naturaleza porque es una batalla perdida así que, ya lo sabes, si algún día estoy triste... déjame llorar...
jueves, 3 de noviembre de 2011
I Have to.... Tengo que...
"Tengo que", sencilla construcción gramatical que utilizamos para imputarnos una obligación, y sencilla manera de convertir todas nuestras decisiones, en pequeñas cuerdecitas que nos van atando psicológicamente.
Si pudiéramos hacer una estadística de las frases que más utilizamos al día, sin duda esta se llevaría el premio gordo. Tengo que ir a trabajar, tengo que hacer la comida, tengo que hacer la compra, tengo que... ¿sigo?... para qué... prácticamente todo lo que hacemos en el día va acompañado de un "tengo que...".
Pues por mucho que lo digamos... no dejará de estar mal. No tengo que... elijo hacer todo eso. Y ahora me diréis. No elijo ir a trabajar, es una obligación... y yo os diré. No es verdad, puedes elegir. Ir o no a trabajar tiene unas consecuencias positivas o negativas, las cuales cada uno valora y actúa en función de ellas, pero... finalmente puedes elegir. ¿No te parece?.
Sigamos entrenando nuestra felicidad. Cada vez que digas un tengo que... seguido de un resoplido... piensa que sea lo que sea que tanto te fastidia hacer, lo has elegido tú y recuerda que siempre puedes elegir no hacerlo.
Somos esclavos de nuestras palabras y de los pensamientos que llevan aparejados. Solo tú puedes soltar esas pequeñas cuerdas que te sujetan a ti mismo.
Yo hoy he elegido levantarme pronto, coger mi coche, ir a mi trabajo y compartir estos pensamientos con vosotros.... y ¿sabéis? estoy feliz... porque "yo" lo elegí...
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